Era una mañana cálida como casi todas en el
Santuario, el intenso sol del medio día hacia que la piel de Dafne se irritara
y enrojeciera. A ella no le gustaba para nada el que su maestro la mandara a
llamar a medio día para entrenar.
-De todos los Santos Dorados del Santuario me
tenia que tocar Milo como maestro, se supone que las Santias somos doncellas
personales de Atena, mi deber era cepillarle el cabello y pintarle las uñas en
un salón con aire acondicionado y pastelitos. No entrenar para combatir en este
lugar con un calor extremo y un sol que me va a sacar ampollas. Además para
pelear están las amazonas y los demás santos. A que maldita hora se le ocurrió
a Atena hacer caso de las sugerencias del patriarca provisional Shaka “lis sintiis
divin intrinir”- murmuraba para si cerrando los ojos y colocando sus manos en
la cintura y haciendo muecas arremedando al patriarca.
-Cuidado Dafi no todos los Santos son tan
flexibles sobre faltarle al respeto al patriarca como yo- dijo Mu colocando sus
manos sobre los hombros de la Santia.
-Mu me
vas a matar de un infarto, ¿que haces
aquí?- hablo de forma entrecortada Dafne mientras se llevaba ambas manos al
pecho sobre su agitado corazón, como si este gesto evitara que el corazón se le
saliera del pecho a causa del susto de saber que alguien la había escuchado.
-Dafi, Dafi, Dafi, quejándote no vas a cambiar
nada-
-Pero Mu yo quería entrenar contigo- la Santia
tomo de las manos al Santo dorado y puso expresión de tristeza.
-No los ojos de cachorro no, por eso no te
dejan entrenar conmigo- dijo soltando las manos de la Santia y cubriéndose los
ojos- Sabes algo tus ojos de cachorro deberían ser considerados un ataque-
-Si claro, ya quiero ver como los ojos de
cachorro ganan una batalla- Milo había salido de su templo en busca de su
alumna.
-¿A que hora tenias que llegar?- pregunto el
Santo dorado con aire de enfado.
-A medio día- dijo la Santia agachando la
mirada.
-Es mi culpa yo la entretuve- dijo Mu
intentando justificarla
-Mu, cuando te vas a cansar de justificar a
todas las Santias, ayer justificaste a Kattia con Hyoga y hoy estas
justificando a Dafne. De todas estas inútiles Santias solo Shoko se toma con
seriedad el entrenamiento y para colmo la dejaron a cargo tuyo. Ahora si me lo
permites Mu voy a ver que tanto puede aprender esta Santia.
Milo se encamino hacia su templo llevando a
Dafne de la mano para que no se atrasara.
Al llegar a su templo Milo solto bruscamente
la mano de la Santia.
-Si tan inútil te parezco pídele al patriarca
que me envíe con Mu para que así puedas estar con Shoko- expreso la Santia
entre lágrimas.
-Cuando termines de llorar iniciaremos el
entrenamiento- respondió Milo entrando a su templo.
-¿Por que eres tan malo conmigo?- grito la
Santia en la puerta del templo.
Milo escucho la pregunta pero no respondió
pues las lágrimas ya amenazaban con salir de sus ojos. Pues por mas que había
intentado superar la muerte de Camus no lo había logrado. Le hacia falta y no había
nada que pudiese hacer, intento olvidarlo con Shaina considerando que su
personalidad era un poco parecida a la de su amado Camus y en parte funciono,
disfrutaba los encuentros sexuales con la amazona pero a la mañana siguiente al
notar que no era Camus quien dormía entre sus brazos se apartaba rápidamente. Pero
a pesar de eso siguió disfrutando de la compañía de Shaina hasta que ella le
hablo de tener una relación “mas seria” y entonces se vio obligado a decirle la
verdad.
Lo mismo le paso con Shoko, disfrutaba de
ella, a pesar de que era muy diferente a Shaina y Camus, pero eso era lo que le
gustaba, era tan alegre e inocente que a veces su conciencia lo atormentaba con
la idea de que solo estaba utilizándola para calentar su cama y no sentirse
solo en las noches que mas extrañaba al santo de acuario. Pero ni el se
explicaba por que trataba tan mal a Dafne, tal vez el que su cabello fuera del
mismo color que el de Camus tenia algo que ver ò el que cuando Hyoga le
prestara jugando a Dafne la armadura de acuario se diera cuenta de lo mucho que
se le parecía y de lo enojado que estaba con Camus por el simple echo de ser el
causante de la tristeza en la que vivía. Pero solo de espaldas Dafne se parecía
a su amado Camus, ella no tenia su fría mirada y su gesto de indiferencia. Por
el contrario Dafne era demasiado tierna, demasiado amable y demasiado sensible.

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