En Aries.
-Como que te estás pasando de amistoso con Dafne-
-No sé a qué te refieres Milo- dijo Mu tomando las partes de
la sucia y deteriorada armadura de Milo.
-No finjas Mu, Dafne te gusta, y me la estas tratando de
robar-
-Yo no soy ningún ladrón, y Dafne no es un trofeo que se
pueda robar, dejare pasar tus palabras sin represalias pero tú le estas
llamando a mi calma de otra manera, y puedes estar seguro que no voy a volver a
permitir que me insultes- Mu camino hacia su taller para comenzar su trabajo en
la armadura, y Milo salió de la casa de Aries con rumbo a Escorpio.
Milo recorrió tranquilamente el camino hacia su casa
mientras libraba una pelea interna, pues una parte de él quería continuar con
lo que había planeado, mientras que la otra quería ponerle fin a todo el
engaño. Pero entonces un pensamiento reconciliador llego a su mente.
-Puede que con el tiempo me enamore realmente de ella-
murmuro, e inmediatamente apresuro el paso.
Kiki ya se había ido de Escorpio y Dafne estaba sentada en
uno de los sofás cambiando continuamente el canal de la televisión, hasta que
escucho los pasos de Milo acercándose, se levantó rápidamente del sillón y
apago la televisión, enseguida se acomodó el vestido y fue al encuentro de
Milo.
-Te extrañe tanto bichito- expreso Dafne mientras abrazaba a
Milo.
-Y yo a ti- respondió tomando en brazos a Dafne provocando
que ella se sonrojará demasiado. –Me encanta cuando te sonrojas tus mejillas
parecen unas pequeñas manzanas- dijo dando pequeñas y suaves mordidas a las
mejillas de la Santia.
-¿A dónde me llevas?- Pregunto Dafne mirándolo con ternura.
-A nuestra habitación-
respondió al tiempo que ya se encontraban en el lugar mencionado.
Milo bajo a Dafne y cerro las pesadas puertas, pues no quería
que nadie los interrumpiera.
Dafne se había sentado en la cama, sintiendo como su corazón
latía tan fuerte que sentía que podría salir de su cuerpo en cualquier momento.
Estaba nerviosa y emocionada a la vez.
Milo al notar todas las emociones de Dafne sintió una fugas
culpa que se esfumo por completo cuando Dafne se levantó de la cama y se acercó
a él. Los delgados brazos de Dafne rodeaban su cuello.
-Te amo- expreso Dafne a escasos centímetros de los labios
de Milo.
Después de esas palabras Milo se apodero de los labios de
Dafne en un apasionado beso que termino por la falta de aire por parte de
Dafne.
Dafne dio algunos pasos hacia atrás hasta topar con el borde
de la cama, donde se sentó pues sentía que en cualquier momento sus piernas
dejarían de sostenerla y más aún por el escaso equilibrio que tenía al usar
esos botines.
Milo se sentó a su lado y abrazo a Dafne por la cintura, la
atrajo hacia el hasta tenerla sentada en sus piernas.
-Pareces una muñequita- dijo antes de acostarla sobre la
cama y acomodarse entre las piernas de
Dafne, las cuales acaricio lentamente
mientras subía poco a poco el vestido.
Dafne estaba nerviosa sabía que Milo había estado ya con
muchas mujeres y seguramente ninguna tan inexperta y torpe como ella, que se
había quedado inmóvil, sin saber qué hacer, y perdida en sus caricias.
Apenas y sintió como el cierre de su vestido se abría y las
expertas manos de Milo ya comenzaban a quitárselo.
En pocos instantes su vestido ya estaba en el suelo junto
con la chamarra, camiseta y jeans de Milo.
-Te vez más hermosa de lo que imagine, lástima que no lo
tendrás puesto por mucho tiempo- susurro al oído de Dafne al ver que ella
llevaba puesto el conjunto de lencería que él le había regalado, para enseguida
comenzar a besarla en el cuello, procurando dejarle una que otra marca hasta
llegar a sus clavículas donde dejo algunos besos más, acaricio los pechos de
Dafne por encima del sujetador sintiendo como se iban endureciendo ante sus
caricias.
Dafne ya era un desastre de suspiros y leves gemidos pues
Milo no solo estaba acariciando sus pechos sino que sentía sobre la fina tela
que cubría su intimidad los intensos roces de la de Milo. El sostén de Dafne no
tardó en ser un estorbo para Milo que no tardo en desabrocharlo.
Un fuerte gemido salió de Dafne al sentir como Milo lamia y
mordisqueaba uno de sus pechos mientras que su mano acariciaba el otro.
-No tan rudo- pidió Dafne quien nunca antes había
experimentado algo así.
Milo dejo que Dafne se recuperara un poco mientras retiraba
las ultimas prendas que les quedaban a ambos.
Dafne se incorporó y abrazo a Milo aun con la respiración
agitada.
-Te amo Milo y quiero ser tuya esta noche- expreso en un
susurro Dafne con voz entrecortada.
-Yo también te amo bonita, pero necesito que me digas si es
tu primera vez-
Dafne se apeno un poco ante la pregunta pues pensó que su
torpeza la había delatado así que solo bajo la mirada antes de pronunciar un
casi inaudible –Si-
Milo beso apasionadamente a Dafne e inmediatamente bajo una
mano y se acomodó entre las piernas de Dafne, primero intento introducir en
ella uno de sus dedos, le costó algo de esfuerzo y mientras lo hacía Dafne se
aferró a su espalda dejándole sus uñas marcadas.
-Duele- dijo entrecortadamente Dafne
-Solo al principio amor- respondió Milo acariciando
suavemente su clítoris y moviendo lentamente el dedo que había logrado
introducirle.
Poco a poco el dolor de Dafne se transformó en placer y Milo
lo noto cuando ya podía introducir fácilmente 2 de sus dedos y las uñas de
Dafne ya no estaban clavadas a fuego en su espalda. Entonces reemplazo sus
dedos por su miembro el cual rozo la entrada de Dafne en repetidas ocasiones
hasta que comenzó a entrar en ella. Milo de nueva cuenta sintió la punzada de
las uñas de Dafne clavándose mientras que un par de lágrimas rodaban por las
mejillas de Dafne. Milo inmediatamente limpio con besos las lágrimas de Dafne e
intento ser aún más cuidadoso, pero lo estrecho y cálido del interior de Dafne
lo incitaban a entrar en ella de golpe. Pero se resistió, no quería lastimarla
más, aunque no tuvo otra opción al sentir una barrera que le impedía
introducirse por completo.
-Esto te va a doler- dijo mientras rompía de una sola
embestida el himen de Dafne, provocándole un agudo dolor. Se quedó inmóvil unos
momentos mientras daba pequeños besos al rostro de Dafne.
Dafne tardo un poco en recuperarse pero cuando ella comenzó
a besarlo, el decidió empezar a mover sus caderas en un suave vaivén que no
tardo en volverse frenético provocando que Dafne se convirtiera en un mar de gemidos
mientras que en la espalda de Milo las uñas de Dafne estaban más que clavadas.
Cuando Dafne alcanzo el clímax Milo aun continúo con sus
fuertes envestidas hasta que termino por derramarse en su interior.
Dafne había quedado exhausta y cuando Milo salió de ella la
acomodo con cuidado en la cama abrazándola protectoramente.
-Te amo bichito- fue lo último que dijo Dafne antes de
quedarse dormida sobre el pecho de Milo.
Por otra parte, Milo no podía dormir, por la culpa que
sentía al saber que Dafne realmente lo amaba, mientras que el solo amaba el
leve parecido que tenía ella con Camus. Pero no podía negar que se sentía bien
el saber que para Dafne no había nadie más que él. Sonrió y acaricio suavemente
el largo cabello de Dafne hasta quedarse dormido.

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